martes, 14 de diciembre de 2010

LA FIESTA DEL CHIVO: MARIO VARGAS LLOSA

La fiesta del Chivo
Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa no ha necesitado ningún ejercicio de realismo mágico ni la invención maravillosa de macondos propios para convertirse, por derecho propio, en uno de los principales escritores en lengua española del siglo veinte.

Mario Vargas Llosa no ha necesitado ningún ejercicio de realismo mágico ni la invención maravillosa de macondos propios para convertirse, por derecho propio, en uno de los principales escritores en lengua española del siglo veinte. Cada uno de sus libros, desde los ya lejanos y experimentales La ciudad y los perros o Los cachorros, ha sido casi un borrón y cuenta nueva en su producción, la búsqueda de nuevos horizontes, de nuevas estructuras narrativas y nuevos personajes. Desde la supuestamente biográfica y desternillante La tía Julia y el escribidor, o la también biográfica Conversación en la catedral o la desopilante Pantaleón y las visitadoras, Vargas Llosa ha demostrado una y otra vez que es un autor sólido que no tiene que repetirse a sí mismo.
Existen, claro, muchas constantes en su obra. Las intrigas políticas de su Perú natal, la exitosa y continuada experimentación narrativa, las complicadas (y sin embargo indispensables) estructuras de sus obras indican siempre que el autor, seguro de su dominio de la lengua y los personajes, busca otros horizontes donde dar rienda a sus intereses. Y lo hace divirtiendo, enseñando, maravillando.
El tema literario de las dictaduras centroamericanas no se había agotado con clásicos indiscutibles como Tirano Banderas o El otoño del patriarca, como no se ha agotado por desgracia el tema social que las impulsa. Vargas Llosa, usando el recurso de la vuelta al hogar de una funcionaria de las Naciones Unidas, recrea los años sesenta y a la vez la actualidad, la dictadura de Trujillo, el servilismo de quienes se llenan de boca de patria a costa de vaciar de alimento las bocas de sus compatriotas. Los diversos personajes que se alternan y entrecruzan en la novela, desde el propio y ridiculizado dictador, hasta los capitanes del ejército que le tienden la trampa que lo lleva (los lleva) a la muerte, están mostrados con la habilidad investigadora de un periodista, los trucos narrativos de un Alfred Hitchock y la sabiduría literaria de un gran maestro. Apasionante, encendida, un docudrama escrito con palabras que son historia ya, casi novela negra a la hispanoamericana, en ocasiones. Y es que muchas veces la historia proporciona mejores argumentos para la narrativa que la deformación consciente que la ficción pura puede proporcionar, nos guste o nos aterre.


ADVERTENCIA: La pedagogía de alternancia

ADVERTENCIA

La aplicación de la pedagogía de la alternancia de la que trata este libro, se sitúa deliberadamente en un contexto internacional determinado, el de los CEFFA. Varias razones explican esta localización.
La primera, los componentes y las finalidades del proyecto educativo propuesto son específicos, y su orientación y finalidades son propias. Lo que se practica en los CEFFA es específico, contextualizado y no es un modelo universal. Como toda pedagogía  es singular  y ha de tener  en cuenta el sistema institucional en el cual se practica.

La segunda, porque este libro se diseñó pensando en primer lugar  en todos los protagonistas de los CEFFA. Es decir: los miembros de los Consejos de Administración de las asociaciones locales que promueven y gestionan los CEFFA, los padres de familia, los responsables de período de prácticas en alternancia, los directores, monitores y otros agentes educativos y también los jóvenes o adultos en formación. De esta manera estos actores encontrarán una forma de lectura de su práctica e inclusive algunas indicaciones para vivir y hacer vivir mejor la alternancia. Al mismo tiempo, el libro contiene orientaciones metodológicas, elementos de análisis y referencias a algunos conceptos más generales,

La tercera razón está vinculada con la complejidad de este movimiento educativo. Su enorme diversidad plantea cuestiones de coherencia de las prácticas en el seno de un mismo conjunto y, en consecuencia, de la identidad institucional. Por eso, me pareció que desde el punto de vista de la pedagogía  de la alternancia desarrollada en Francia, sería quizá útil intentar algunas aclaraciones para dar realce a lo que hoy es común en la variedad de alternancias. Así mismo, se impone la necesidad de algún tipo de organización y jerarquización  para destacar lo fundamental. En otras palabras, para diferenciar los parámetros constante de los parámetros evolutivos.

Finalmente, como es ostensible y comprobada la dispersión de los escritos relativos a los elementos constitutivos de la pedagogía de la alternancia, que aparecen editados en diferentes publicaciones (libros, estudios, revistas, periódicos) y que por lo general tratan fragmentos o “pedazos” del sistema sin que ninguno de ellos presente una globalidad coherente -puesto que algunos se limitan exclusivamente a la exposición de la práctica pedagógica de la alternancia, mientras que otros se explayan exclusivamente en los aspectos teóricos- me pareció que la tentativa de presentar la coherencia global del sistema de alternancia de los CEFFA podía tener interés. En efecto, ante la complejidad a la que ya hice referencia, en sesiones de formación y seminarios y en otras reuniones, me han solicitado varias veces que lo hiciera. Esta es, pues, una razón adicional que motivó la elaboración de este trabajo.

Quiera Dios que este libro –escrito en primera instancia a solicitud de la CEFFA de Brasil- contribuya a su manera al perfeccionamiento de todos los protagonistas de los CEFFA del mundo, y aun más allá del ejemplo singular,  tenga alguna resonancia en los medios preocupados por la formación  y la orientación profesional de los jóvenes que, por todos los lugares del planeta, sólo piden que se les dé la oportunidad de manifestar su potencial y de tener algún papel en la sociedad.


Desde hace más de 70 años, los CEFFA han recorrido un largo trayecto institucional y pedagógico a lo largo y ancho del mundo.
Desde la inicial aplicación de la idea básica, la jornada ha sido larga y a menudo agobiante. Sin embargo, por el camino, año tras año, se hicieron creaciones primero en Francia y luego progresivamente en todos los continentes. Y tuvieron lugar adaptaciones para responder a las características y a las necesidades locales. Así, se fueron diversificando los públicos, las formaciones y las estructuras de los CEFFA desde un sistema casi homogéneo por su origen y por la cultura predominante de sus protagonistas: la cultura campesina.
Los CEFFA tuvieron que hacer frente desde sus orígenes a una gran heterogeneidad. De ahí la complicación que hace más delicadas las gestiones en cada nueva fundación y, a la vez, en su conjunto.
La diversidad es hoy la regla general. En este punto, los CEFFA ya tienen experiencia para tratar los riesgos de debilitamiento de la dinámica  de creación y animación; y también una preparación imperceptible del movimiento hacia lo propio de la institución y sus rigideces. Fue necesario sortear el riesgo de exigencias administrativas  que pueden conducir a desviaciones de la pedagogía y del funcionamiento institucional. Además, para responder a nuevas necesidades, las de otros contextos, otros públicos, y otros campos profesionales en lo que se tenia que actuar, se hicieron indispensables y severas adaptaciones. Por eso, si no se tiene cuidado, puede producirse una equivocada propensión a seguir su propio camino repitiendo la ultima experiencia, o a endurecer los funcionamientos y comportamientos, modelándolos y nivelándolos en el contexto del momento para seguir actuando con la inercia de la rutina. En los funcionamientos institucionales debe tenerse en cuenta tanto el lugar como el peso del presente, en relación con el pasado y el futuro.

Si las contingencias del presente (las reglamentaciones, las necesidades inmediatas, los métodos, las tareas, la economía...) colman el espacio e inciden sobre las prácticas y los espíritus, corremos el riesgo de perder la pertinencia, la originalidad, la identidad y la unidad institucionales. Administramos más de lo que se necesita, ya que se crean puntos de referencia, de disponibilidad y también objetivos, e inclusive la utopía creadora. Hay también adaptaciones que llevan consigo el riesgo de la pérdida de los puntos de referencia permanentes, de las características de la identidad.

Entonces se plantea la cuestión de la unidad del movimiento de los CEFFA extendido por todo el mundo, pero “una unidad en la diversidad” ( Gimonet, 2001). Esa unidad sólo puede existir si cada CEFFA responde a un conjunto de características fundamentales de una identidad común. Ante esta cuestión, en los años sesenta del siglo pasado, la Unión Nacional  de los CEFFA franceses (llamados allí Maisons Familiales Rurales, MFR) había enunciado en los puntos fundamentales de la “carta presentación “de los CEFFA, a saber:

º finalidades: por una parte la educación, la formación profesional y general asociadas y la orientación de los adolescentes; y, por la otra, la contribución al desarrollo del medio.

º Un contexto de implantación y acción: el medio rural.

º una estructura a la vez jurídica y de participación y responsabilidad de las familias: la asociación.

º un método pedagógico: la alternancia con sus implicaciones en cuanto a los papeles educativos de los padres y responsables de alternancia, y en lo referente a sus técnicas y materiales pedagógicos.

º una estructura educativa: el internado y el pequeño grupo.

º un equipo educativo animador del conjunto.
Por supuesto, tal carta de presentación es evolutiva. Pero en los cambios que sean necesarios hay que tener claridad sobre los fundamentos que deban preservarse, y saber con precisión cuáles son los parámetros constantes  y cuáles los que pueden adaptarse.

Pedro Puig  diseñó otro marco para lo que él denomina “cuatro pilares de los CEFFA”, cuya representación gráfica aparece en el gráfico1. Los dos pilares del orden de las finalidades son la formación integral (o global) y el desarrollo del medio. Los dos pilares del orden de los medios son la Asociación y la Alternancia.

Lo que pretende este libro es examinar más concretamente la alternancia,. En efecto, se propone un desarrollo sometido a una estructura coherente con su objetivo. La formación por alternancia en los CEFFA se realiza en un proceso que va de una experiencia anterior, de la vida diaria (familiar, profesional, social) hacia la teoría, hacia los conocimientos de los programas académicos, antes de encontrar la experiencia y así sucesivamente. Un gran psicólogo, Jean Piaget, definió este proceso según la fórmula “lograr y comprender” Piajet, 1974). Lograr significa la práctica, la acción, la experiencia;  mientras que comprender quiere decir la reflexión  sobre la experiencia, o también  el paso de los hechos a las ideas, a las leyes, a las teorías. Pero como acción y reflexión se entrelazan, Piaget acuñó esta otra fórmula: “actuar en el pensamiento” y “ comprender en la acción”.

Por eso y en total coherencia, este libro se inscribe en esa lógica. De ahí y también su estructura, para avanzar en la acción y en la aplicación de las actividades y herramientas hacia una clarificación de los procesos e implicaciones de la pedagogía de la alternancia, tanto desde el punto de vista de las instituciones, como de los protagonistas interesados.

La obra se divide, pues, en dos partes y ocho capítulos. La primera parte, “lograr la pedagogía de la alternancia”, examina su aplicación práctica en cuatro capítulos.

El primero da cuenta del origen de los CEFFA en Francia y del planteamiento y elaboración de métodos de formación incubado en ellos. De la idea brillante que concibió la nueva escuela hasta su construcción, la marcha resultó lenta y azarosa. Fue necesario inventar una pedagogía, porque la que se quería ensayar no existía y, por otra parte, el método parecía divergente, desviado del camino que transitaban los métodos pedagógicos existentes. Sus iniciadores tuvieron que salvar muchos obstáculos y a menudo sortear vientos y mareas.

El segundo capítulo presenta las actividades y herramientas de la alternancia sin las cuales la pedagogía sería apenas mera intención o fórmula vacía. Su aplicación es un asunto de técnicas, actitudes y conocimientos técnicos-pedagógicos, pero también de comprensión de su sentido y de su razón de ser en el proceso formativo y educativo. El capítulo tercero, se refiere a la organización y gestión de la formulación y las planificaciones semanales. La pedagogía de la alternancia, como pedagogía de la complejidad, supone la aceptación  de lo dudoso, de lo imprevisto, de lo aleatorio que viene de la vida y de cada alternante. El desorden que resulta se compensa y se controla por la organización; y la persona construye a partir del orden en los conocimientos.

Finalmente el cuarto capítulo, en transición con la segunda parte, se refiere a la animación y la gestión de las relaciones institucionales y de los protagonistas que supone esta fórmula pedagógica. Cada uno de los agentes educativos de los CEFFA, ya sean los padres de familia, los responsables de alternancia, los monitores u otros, tienen un papel específicos al cual debe atenerse. En la diferencia y en la complementariedad de estos papeles y funciones- densas relaciones entre los protagonistas- y en las actitudes impregnadas de educación de los jóvenes, se encuentran las claves de ese “tener éxito de forma diferente” que predica el movimiento educativo de los CEFFA.

La segunda parte, “comprender la pedagogía de la alternancia”, deja el terreno de la acción para presentar, en cuatro nuevos capítulos, los elementos de una problemática general de la alternancia pedagógica. Así pues, el capítulo quinto sitúa la alternancia en el paisaje educativo a partir de una mirada retrospectiva sobre las corrientes generales de la pedagogía: la tradicional centrada en el programa y el profesor;  la activa centrada en la persona en formación o el “que se educa”; y luego la corriente de la pedagogía centrada en la realidad o pedagogía de la complejidad. La aparición de la alternancia en el curso de las ultimas décadas, pero sobre todo el lugar que hoy ocupa en el campo de la formación, hacen pensar que no se trata de un mero paliativo sino de una alternativa educativa para el futuro.

El sexto capítulo procura definir los contornos y los componentes de la pedagogía de la alternancia. Pone de manifiesto que la alternancia no debe abordarse desde los enfoques binarios utilizados a menudo, sino desde el punto de vista de la complejidad. Sólo así podemos darnos cuenta de que existen muchos tipos de alternancia verdaderas y falsas, y de que más que un simple método, la alternancia debe considerarse como un verdadero sistema educativo.

El séptimo capítulo enfoca la alternancia desde el punto de vista de la persona en formación. A partir de una mirada sobre los procesos generales del aprendizaje encontramos la especificidad de “aprender en alternancia” examinada desde su complejidad. En efecto, en la formación alternada, los conocimientos se encuentran en lugares y tiempos diferentes, por eso es necesario administrar las interfases y unificar los conocimientos dispersos. Así, para cada cual, la alternancia se presenta como integradora.

El capítulo octavo se refiere a la función y a los roles de los que animan el sistema educativo de los CEFFA; los monitores. Ellos son los ejes principales y los animadores del sistema. De sus actitudes, sus capacidades, sus competencias, su formación y su aplicación, depende en gran parte de la eficiencia de la alternancia. Son sin duda paradigmas de un nuevo oficio de la formación.

Finalmente, la conclusión sitúa  sin dudas ni vacilaciones a la alternancia pedagógica como un método-camino para el mañana; es decir, para la educación del futuro en “la era planetaria”. Quizá estos desarrollos diferentes, destinados a todos los protagonistas de los CEFFA, proporcionen información, vías para el análisis y las reflexiones para lograr y comprender a diario la pedagogía de la alternancia que practican. Quizá ayuden a afirmar este pilar de los CEFA que es la alternancia y a consolidar así la identidad del movimiento. Quizá sirvan también de vínculos entre los unos y los otros para lograr hacerlo conjuntamente, pero “de forma diferente”.

DISCURSO DE GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

DISCURSO DE GABRIEL GARCÍA MARQUEZ EN CEREMONIA DE LA ENTREGA DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA (1982)

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.


SEMIÓTICA DEL DISCURSO DESCRIPTIVO

Definición de discurso


El concepto de discurso como sabemos, ha recibido acepciones diversas, y este mismo hecho nos obliga a precisar el sentido en que aquí Será utilizado. En otro trabajo me he referido a esos distintos usos y también he constatado que bajo la diversidad de acepciones subyace un denominador común: el termino discurso siempre alude –conservando el sentido inicial que le diera Benveniste- a la puesta en funcionamiento de un sistema de significación y a la intervención, por lo tanto, del sujeto, en tanto su presencia es imprescindible para poner en acto, por ejemplo, a la lengua.

El discurso, en el sentido que aquí se asume, ocupa –como lo propone parret (1987)- un lugar inmediato entre el concepto de lengua, entendida como el conjunto de articulaciones del sistema, y el de habla, en tanto realización individual de la lengua por parte de los hablantes. Entre ambos extremos, uno que da cuenta del sistema abstracto y otro que registra las variaciones concretas e individuales del uso, puede ubicarse una zona intermedia, un lugar de tránsito (que va de la co0mpetencia abstracta a la ejecución particular de un acto de hablar), lugar que posee sus propias regularidades, sus estrategias, sus dimensiones.

El nivel discursivo se constituye así con los tipos de rasgos: unos, pertenecientes al sistema lingüístico, y otros, provenientes de los distintos tipos discursivos que el habla va configurando. Los primeros comprenden aquellos aspectos que, según Benveniste, constituyen “ el fundamento lingüístico de la subjetividad”( 1978: 181), tales como los dícticos de persona, tiempo y lugar, el tiempo presente, la primera y la segunda persona, los modalizadores (poder, deber, querer), la aspectualidad  ( lo puntual y lo durativo, y dentro de este aspecto, lo continuo y lo discontinuo, etc.), formas todas que residen potencialmente en la lengua pero a las que sólo el discurso los otorga principios de organización, regularidades y estrategias de uso. Los segundos rasgos a que nos referimos aluden, precisamente, a esos principios y estrategias que las distintas practicas discursivas y las culturas van generando (y que están en constante transformación, piénsese la historicidad de los géneros que hacen que un texto, por ejemplo, sagrado, pase a formar parte, en otro momento, de la institución literaria).

                   El concepto de discurso designa, entonces, un nivel de análisis de los textos que permiten contemplarlos como un espacio de puesta en funcionamiento de un sistema de significación, sostenido tanto por los rasgos generales del sistema como por los rasgos específicos propios de cada tipo discursivo (tales como características de género, reglas de organización textual, usos estilísticos, formas particulares de intertextualidad, etc.).

                 Además, para los fines de análisis del discurso, es necesario distinguir en el espacio discursivo dos niveles siempre presentes: el nivel del enunciado, que atiende a lo dicho, lo informado, el objeto de discurso, y el de la enunciación, que remite al proceso por el cual lo dicho es atribuible a un yo que apela a un tú. Ambos niveles conforman esa totalidad a la que llamamos discurso y, en ese sentido, puede afirmarse que el discurso es el todo y el enunciado y la enunciación son sus componentes.


Conceptos de descripción

Una primera aproximación a la descripción puede realizarse  a partir de la comparación con otro de los modos de organizar la materia verbal: la narración.
    Puede afirmarse que la narración modela el material verbal sobre el eje de la sucesión temporal y pone en escena una interacción entre narrador y narratorio.
     Por su parte, la descripción dispone el material verbal basándose en el criterio de la simultaneidad temporal e instala en el discurso la presencia de un descriptor y un descriptario (en términos de Hamon).
    Quisiera detenerme en un concepto que considero central para intentar definir la descripción: el concepto de simultaneidad temporal.

En el capítulo referido a la actividad descriptiva del libro Hablar de literatura, de Dorra (1989), se toma como punto de partida la consideración de dos modalidades básicas de efectuar relaciones lógicas: la asociación de entidades sucesivas y la asociación de entidades simultáneas, y se reconoce que la narración ejemplifica el primer tipo de relación y la descripción el segundo.

Es evidente que el autor quiere señalar que no debe traducirse esta oposición entre lo sucesivo y lo simultáneo mediante la pareja de opuestos dinámico  vs. Estático. Dorra aclara: la narración “concibe y propone al objeto como un proceso sucesividad  es en este caso un orden temporal. Por su parte, la descripción, al disponer sus términos sobre el eje de la simultaneidad, sustrae al objeto de la sucesividad temporal y lo propone como una duración o como un sistema de posibilidades transformacionales ya realizadas, la descripción es un procedimiento discursivo que hace de su objeto un espectáculos” (1989:260).

Creo importante destacar que la oposición entre ambas formas de representación no pasa por la presencia /ausencia de temporalidad sino por un tratamiento diverso de la misma: si la narración se funda sobre la sucesión temporal,   la descripción sustrae al objeto del encadenamiento temporal, de la sucesión, y lo presenta como una duración temporal, como instalado en un tiempo suspendido pero no negado. En este tiempo suspendido y profundizado, en este tiempo especializado, los objetos comparten su temporalidad, existen simultáneamente, aunque el discurso por su propia naturaleza deba ordenarlos sucesivamente (y aquí “sucesivamente “significa más bien “orden espacial”, esto es, disposición sucesiva en el espacio material del texto, y no quiere decir “orden temporal” puesto que no hay orden temporal previsto para los objetos de una descripción excepto aquel que imponen los modelos descriptivos o los requerimientos estéticos ).


            Hablar entonces de discurso descriptivo implica situarnos en este ámbito de preocupaciones y dar cuenta de la configuración especial de esos principios de  organización y estrategias que nos permiten reconocer la presencia  de lo descriptivo en los textos. Para ello, procederemos a deslindar los aspectos que se trataran en los dos grandes niveles: el enunciado descriptivo (al cual dedicamos el segundo capítulo) y la enunciación descriptiva (que desarrollaremos en los tres subsiguientes capítulos). Pero antes de avanzar más, debemos detenernos como lo habíamos enunciado, en el concepto de descripción.



UNA ARAÑA EN EL ZAPATO

UNA ARAÑA EN EL ZAPATO

Introducción a los relatos de vida


El relato oral en las ciencias sociales

Hace más de cuatro décadas, distintas disciplinas comenzaron a interesarse por los testimonios autobiográficos  de la gente común. La historia inicio una escala que mas tarde se denomino Historia Oral; la Literatura recuperó los géneros como biografía y ala autobiografía; la Sociología utilizó los testimonios orales en los  estudios de diversos movimientos minoritarios u opositores, como los feministas; la Antropología investigo distintas etnias valiéndose de los testimonios orales; el Etnografía, cuyo objeto de estudio es la diversidad cultural, también los utilizan como instrumento de investigación. Estas son algunas  de las disciplinas en las que los relatos orales se revalorizan y se considera un documento.
En un comienzo-principios del siglo XX-los cambios se dieron sobre todo en el terreno de la Historia Social, a partir de una renovación en la jerarquía de los actores de los acontecimientos públicos: ya no se privilegiaba los héroes o la descripción de hechos como en la Historia del siglo XIX, sino que importaban los actores sociales anónimos, particularmente los grupos  minoritarios e incluso opositores a las políticas dominantes. El progreso tecnológico, con el desarrollo de instrumentos cada vez mas sofisticados para el registro, como el grabador, permitió la creación de nuevo documentos, o fuentes, que luego de su sistematización recibieron el nombre de” historias de vida”. Los desarrollos en otras áreas, como el Psicoanálisis y la Lingüística, también influyeron para consolidar esta metodología.
Los testimonios de protagonista más o menos anónimos  no fueron las únicas fuentes que comenzaron a tenerse en cuenta. También se incluyeron a esta categoría cartas, diarios íntimos o fotos familiares,  o todo aquello que registraba de alguna manera la vida cotidiana.
Estos cambios en la temática y en la metodología produjeron modificaciones en distintos niveles. Por una parte, considerar  como material  de estudio un informante “vivo “altera la posición del investigador, en tanto el informante sabe mas. De esta manera, el conocimiento ya no puede ser detentado  por personas externas a los hechos – los eruditos-, sino que se concibe como una construcción que  se realiza mediante el diálogo entre sujetos. El investigador de las ciencias sociales  debe aceptar que las fuentes tienes más saberes que él mismo.
Ahora bien, esta recuperación del sujeto como generador de información no es, como podría pensarse, una revaloración del individualismo. Muy por el contrario, lo que se pretende de realizar es la integración de la subjetividad a estructuras o procesos sociales complejos.
La investigación, entonces, en el plano de la ciencias sociales, involucra el lenguaje  y tomo de este campo nociones básicas de la escuela de Bajtin1 para la cual el sujeto es siempre social  y el lenguaje es el campo donde se manifiesta la conciencia  del sujeto como conciencia social. Por lo tanto, lo ideológico se manifiesta a través del lenguaje.
Por otra parte, Bajtin  concibe el lenguaje como esencialmente dialógico, lo que quiere decir  que todo enunciado está orientado  hacia un destinatario, esté  o éste presento o no. al mismo tiempo, todo enunciado es dialógico  en la media en que dialoga con enunciados anteriores pertenecientes a la misma esfera de comunicación: los refuta, los confirma, los completa, etcétera. Este principio, llamado intercambio  lingüístico entre investigadores y actores  en las ciencias sociales, tiene a su ves un corolario que produce un giro total en el modo de considerar la producción de  conocimiento sobre la sociedad, ya que es el intercambio dialógico donde se traducen dichos conocimientos.
Como afirma Magdalena Chirico.
La insistencia en que la relación de conocimiento que singulariza a las ciencias humanas es una relación de sujeto a sujeto, el acento en el carácter dialógico de la producción de conocimiento o la práctica de la autorreflexión en la investigación y en la escritura  especializada, son algunas de las formas que toma la respuesta a la crisis de los modelos objetivistas de las teorías globalizantes que dominación hasta los años 70.
Con el tiempo muchos aspectos fueron cuestionados, modificados, ampliados: la técnica de la entrevista, el rol del entrevistador, las categorías de análisis, la validez o no de los informantes o  fuertes, la referencialidad de los relatos, la ficción.
Sin embargo, existe  un cuadro: lo que las personas  cuentan son relatos, y en este sentido hay un elemento que adquiere protagonismo: la narración. Desde los distintos  marcos teóricos se reconoce ese “testimonios”, o registro a partir de un informante, como un relato.
Así, el concepto de narración o relato dejará de ser una preocupación de lingüistas o teóricos literarios para cruzar las ciencias humanas, sociales y análisis del discurso serán incorporados a amplias zonas de conocimiento y, a su vez, enriquecidos por éstas. 
Por ejemplo, la sociología Regine Robin, al estudiar cómo se construyen las identidades4   a partir de las narraciones orales, reconoce en los hablantes  un esquema narrativo básico:”toda historia sigue un esquema narrativo del cual  uno es normalmente prisionero”5.Robin va a preguntarse cómo es posible, si la espontaneidad es característica de la oralidad, que se pardusca este esquema. Su explicación es que proviene “de lo que uno aprendió en la escuela, o simplemente de las películas que uno fue a ver, o de la historia que se cuentan en la familia”, es decir, de los conocimientos o saberes que el hablante a incorporado en el uso de la lengua.
“nadie es consciente- aclara Robin-(…) de que la narración es una narración, de que  hay  estructura de la narración, y que hay un efecto de la narración  de acuerdo con la manera de contar los hechos”.
Las ciencias del lenguaje darán otra respuesta. La escuela de Bajtin define los géneros discursivos como” tipos relativamente estables de anunciados”. Dentro de ellos, distingue géneros primarios y géneros secundarios. Lo género primarios o simple son aquellos enunciado constituidos en la comunicación discursiva inmediat.se incluye este grupo   desde la replicas de una conversación de todos los días , un relato cotidiano , una carta , hasta una orden breve  y estandarizada con puede ser las militares.los géneros  secundarios o complejos  son reelaboraciones de los géneros primarios que se dan en situaciones de comunicación mas desarrollada y organizada, generalmente escrita , dentro de las aéreas artísticas ,científicas y políticas .la narración cotidiana, oral y mas o menos espontanea, seria anterior a los relatos literarios elaborados.

SUTEP

C.U., 2010-08-19
     ECP/proceu.
File:Siltci-b-2010 final .doc.


                   ¡Por la unidad Sindical Clasista ¡
SUTEP
SINDICATO UNITARIO DE TRABAJADORES EN LA EDUCACIÓN DEL PERÚ
Web: www.sutep.org.pe E_ mail:  Wemaster @sutep.Org .pe /webmaster_sutep@hotmail.com  telf: 427-6677

A LOS SEÑORES CANDIDATOS Y  CANDIDATAS   , LA OPINIÓN PÚBLICA EXIGIMOS RESPETO AL MAGISTERIO
      Nos dirigimos con mucho respeto y actitud democrática  a nuestros alumnos  , padres de familia , comunidad  en general , en especial a los medios de comunicación y, a  los  candidatos y candidatas a los gobiernos regionales y municipales en el territorio nacional , para  expresarles nuestra indignación y profundo  rechazo  por la forma de cómo algunos de ellos vienen refiriéndose a nuestro  Sindicato, el SUTEP, lo cual fundamentamos  por las siguientes razones .

1.Primero , aclarar que nuestro gremio  es un “frente único , lo que  significa que en él pueden participar maestros que pertenezcan a diferentes partidos  Políticos de diferentes  ideologías  , lo cual  se demuestra  en el cual CEN del SUTEP que está integrado por profesores que pertenecen al APRA , PNP, MIN e  independientes.

2. Por la razón, al ser un gremio y no un  partido  , el Sindicato no puede  impedir que los maestros en el ejercicio de su derecho constitucional  no puedan ejercer su derecho de hacer vida política a través del partido de su elección   , y que puedan ser candidatos en las Elecciones  Municipales y Regionales .

3. EL SUTEP como frente  único, no ha hipotecado ni abdicado su conciencia a ningún Partido  Político  , ni ha firmado pacto o alianza alguna  con algún Partido y / o candidato ; por tanto no aceptamos el manoseo  grosero  y sin argumentos de nuestro “Glorioso” Sindicato por parte de algún sector de la prensa , y en especial de los candidatos de la derecha , en sus diferentes discursos en su campaña .

4. El SUTEP está  integrado por profesionales de la Educación del Perú , formados en las diferentes Universidades , Institutos y Pedagógicos  del país ; por tanto ,merecemos respeto , y no aceptamos que al referirse a nosotros se expresen en los  términos despectivos y en la forma tendenciosa de sindicarnos como un gremio  radical , lo cual rechazamos  contundentemente.

5. Señores  Candidatos, el SUTEP desde sus  38 años de fundación con su primer Secretario General, Horacio Ceballos   Gámez, ha luchado contra  las dictaduras civiles  y militares, como lo hicimos cuando participamos en la marcha de los “Cuatro Suyos”, y lo logramos con toda la sociedad y partidos políticos recuperar la democracia; aspecto que hoy hacen alusión ustedes constantemente en sus discursos. El SUTEP siempre ha luchado y luchará contra sendero luminoso forma de terrorismo   ; expresemos a su vez  por principio nuestro firme rechazo actos delictivos  como el narcotráfico y el secuestro.

6.  El SUTEP  al reclamar mayor presupuesto  para  Educación , ejecución del  Proyecto Educativo Nacional , Reforma Educativa que contemple  revisar la Formación inicial y en servicio del Docente , la construcción de un Diseño Curricular Divergente , atención a la primera infancia , restitución de la Jornada Escolar Completa , Formación  Integral para nuestros  educandos , no es oponernos al desarrollo  ni a la Calidad Educativa , Y mucho menos ser culpable del atraso  de la Educación Peruana .
El hecho de desnudar el Falso  Proceso de Descentralización  llamado Municipalización , que ha merecido pronunciamiento también de Defensoría  del Pueblo  , de oponernos al recorte de nuestros  derechos laborales y económicos  vía Ley 29062, rechaza la ley 29510que liberaliza la Profesión  Docente , no significa radicalismo , no significa terrorismo ; lo que ello significa  simplemente es luchar por el respeto a nuestros derechos contemplados  en la ley 24029.
Por todo lo  expuesto,   señores Candidatos, realicen su campaña, pero dejen ya de seguir culpando al SUTEP  de todos los males que aquejan a nuestra  patria y a la educación. Nosotros nunca hemos sido Gobierno   , nunca tuvimos a cargo la educación peruana ¡BASTA YA! Respeto a las más digna Profesión que es la de ser  maestro…respeto al SUTEP.

Lima   ,  domingo 19de setiembre de 2010.




¡Saludamos al magisterio Nacional por su respaldo a la lista n° 3 de el FAGMA , ganadora de las elecciones del Colegio de Profesores ¡
¡Viva el  SUTEP, defensor eterno de la Escuela Pública Gratuita  y de Calidad!

Magister Hamer  Villena Zúñiga
Secretario   General

Comité  Ejecutivo Nacional del SUTEP